26 de agosto de 1990 — Puerto Hurraco, Badajoz España profunda
La noche más larga de Extremadura

Prepararon 202 cartuchos.
Se despidieron diciendo que iban
a cazar tórtolas.

Dos hermanos. Una calle. Una noche de agosto. Nueve muertos. La matanza de Puerto Hurraco fue el último gran crimen de la España rural del siglo XX.

Por Equipo VIRALIX Actualizado 2026 Categoría True Crime 10 min lectura

Puerto Hurraco es una pedanía de Badajoz. En 1990 tenía unos 300 vecinos, una sola calle principal y dos familias que se odiaban desde hacía décadas. Una noche de agosto, ese odio estalló. Dos hermanos recorrieron la calle de punta a punta disparando a todo lo que se movía. Cuando terminaron, había nueve muertos en el suelo, diez heridos graves y un pueblo que nunca volvería a ser el mismo.

9 Personas asesinadas esa noche
202 Cartuchos preparados
6 Años de odio acumulado antes del crimen
✓ Fuentes verificadas Este artículo está basado en el sumario judicial del caso, el documental de RTVE "Puerto Hurraco 202" (2026) que tuvo acceso al expediente policial completo, reportajes de El Español, COPE e Infobae España, y la entrada de Wikipedia sobre la Masacre de Puerto Hurraco.

El origen: una casa que ardió en 1984

Para entender lo que pasó en 1990 hay que volver seis años atrás. En octubre de 1984, la casa de Isabel Izquierdo, matriarca de la familia Izquierdo, ardió con ella dentro en la calle Carrera de Puerto Hurraco. Los peritos dictaminaron que el incendio había sido accidental.

Pero los Izquierdo no lo creyeron nunca. Para ellos, la responsabilidad era de los Cabanillas, la familia rival con la que llevaban décadas de disputas por tierras, agua y viejos rencores. Sin pruebas, sin juicio, sin condena. Solo la certeza ciega de una familia que decidió que la deuda tenía que pagarse con sangre.

Tras la muerte de su madre, Jerónimo Izquierdo ingresó en un psiquiátrico en agosto de 1986 y murió nueve días después sin haber podido vengarse. Pero tenía hermanos. Y los hermanos no olvidaron.

"Vamos a cazar tórtolas."

Última frase de Antonio y Emilio Izquierdo a sus hermanas Luciana y Ángela antes de salir de casa la noche del 26 de agosto de 1990

La noche del 26 de agosto

Era domingo. Hacía calor, como siempre en agosto en Extremadura. Varias familias tomaban el fresco en la puerta de sus casas en la calle Carrera. Otras se disponían a montarse en coches para ir a cenar a un pueblo vecino en fiestas. Era una noche normal de verano en un pueblo pequeño.

Las féminas de la familia, Luciana y Ángela, prepararon las armas de sus hermanos. A las 22:30 de la noche, Emilio y Antonio Izquierdo llegaron desde Monterubio de la Serena a Puerto Hurraco, a 10 kilómetros. Llevaban escopetas de caza y 202 cartuchos preparados.

22:30

Antonio y Emilio Izquierdo llegan a la calle Carrera de Puerto Hurraco. La familia Cabanillas celebra una fiesta. En la calle juegan las niñas Encarnita y Antonia, de 12 y 14 años.

22:35

Empieza el tiroteo. Los hermanos avanzan por la calle disparando contra todo el que encuentran. No solo contra los Cabanillas — contra cualquiera que esté en la calle.

~23:00

Los hermanos huyen al monte, hacia la Sierra del Oro. Dejan atrás siete muertos en la calle y una decena de heridos graves. Dos morirán semanas después en el hospital.

06:30

Nueve horas después del inicio de la masacre, la Guardia Civil encuentra a los hermanos Izquierdo durmiendo en el monte. Son detenidos sin resistencia.

Las víctimas

Siete personas murieron en el acto en la calle Carrera
Dos heridos graves fallecieron semanas después en el Hospital Infanta Cristina de Badajoz
Entre las víctimas había dos menores de 13 y 14 años de la familia Cabanillas
Diez personas más resultaron heridas de distinta gravedad
Los hermanos creían haber matado a una veintena de personas. Dispararon a veintiuna pero solo consiguieron asesinar en el acto a siete.

Sin arrepentimiento

Emilio Izquierdo, tras su detención, no mostró el más mínimo signo de arrepentimiento: "Ahora que sufra el pueblo como yo he sufrido durante todo este tiempo", mientras su hermano Antonio aseguró que si no les hubieran detenido habrían vuelto al pueblo a disparar durante el entierro de los muertos.

Esa declaración lo dice todo sobre la psicología de los hermanos Izquierdo. No era un crimen cometido en un momento de ira. Era una misión. Planificada con 202 cartuchos, ejecutada con frialdad y sin ningún remordimiento posterior.

el juicio

684 años de condena y el misterio de las hermanas

En enero de 1994, tres años y medio después de la masacre, comenzó el juicio contra los Izquierdo. El abogado planteó una defensa basada en que los dos hermanos estaban locos, y tuvieron que demostrarlo durante el juicio, dejando constancia muchas veces del odio que sentían hacia Puerto Hurraco y la familia Cabanillas.

Antonio y Emilio Izquierdo fueron condenados en total a 684 años de cárcel y pasaron el resto de sus vidas en prisión. Pero el caso tenía otra dimensión más oscura: las hermanas.

Las hermanas Luciana y Ángela Izquierdo, que prepararon las armas esa noche, siempre fueron señaladas como las instigadoras del crimen. A pesar de ser absueltas, muchos las consideraban las verdaderas responsables morales de la masacre.

El final de los Izquierdo

Luciana Izquierdo — Murió en el psiquiátrico de Mérida en febrero de 2005. Tenía 77 años. Era considerada la inductora principal.
Ángela Izquierdo — Murió en el mismo psiquiátrico en noviembre de 2005, diez meses después que su hermana.
Emilio Izquierdo — Murió de un infarto en la cárcel de Badajoz en diciembre de 2006. En el entierro, su hermano Antonio dijo: "Hermano, te vas al cielo con 74 años, pero te vas con la satisfacción de que la muerte de tu madre ha sido vengada."
Antonio Izquierdo — Se ahorcó en su celda en 2010 después de que le denegaran la libertad condicional.
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La España profunda que no olvidamos

Puerto Hurraco es hoy un pueblo casi vacío. No quedan miembros de ninguna de las dos familias. La casa de los Izquierdo en el número 9 de la calle Carrera sigue abandonada. El pueblo intenta ser un destino de turismo rural tranquilo, pero cada agosto el recuerdo vuelve.

Lo que pasó aquella noche no fue un arrebato de locura. Fue el resultado de décadas de odio alimentado, de rencores heredados, de una España rural donde las disputas entre familias se transmitían de padres a hijos como si fueran posesiones.

Los nueve muertos de Puerto Hurraco no murieron por un crimen. Murieron por una historia. Y esa historia llevaba décadas escribiéndose.

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