Puerto Hurraco es una pedanía de Badajoz. En 1990 tenía unos 300 vecinos, una sola calle principal y dos familias que se odiaban desde hacía décadas. Una noche de agosto, ese odio estalló. Dos hermanos recorrieron la calle de punta a punta disparando a todo lo que se movía. Cuando terminaron, había nueve muertos en el suelo, diez heridos graves y un pueblo que nunca volvería a ser el mismo.
El origen: una casa que ardió en 1984
Para entender lo que pasó en 1990 hay que volver seis años atrás. En octubre de 1984, la casa de Isabel Izquierdo, matriarca de la familia Izquierdo, ardió con ella dentro en la calle Carrera de Puerto Hurraco. Los peritos dictaminaron que el incendio había sido accidental.
Pero los Izquierdo no lo creyeron nunca. Para ellos, la responsabilidad era de los Cabanillas, la familia rival con la que llevaban décadas de disputas por tierras, agua y viejos rencores. Sin pruebas, sin juicio, sin condena. Solo la certeza ciega de una familia que decidió que la deuda tenía que pagarse con sangre.
Tras la muerte de su madre, Jerónimo Izquierdo ingresó en un psiquiátrico en agosto de 1986 y murió nueve días después sin haber podido vengarse. Pero tenía hermanos. Y los hermanos no olvidaron.
"Vamos a cazar tórtolas."
Última frase de Antonio y Emilio Izquierdo a sus hermanas Luciana y Ángela antes de salir de casa la noche del 26 de agosto de 1990La noche del 26 de agosto
Era domingo. Hacía calor, como siempre en agosto en Extremadura. Varias familias tomaban el fresco en la puerta de sus casas en la calle Carrera. Otras se disponían a montarse en coches para ir a cenar a un pueblo vecino en fiestas. Era una noche normal de verano en un pueblo pequeño.
Las féminas de la familia, Luciana y Ángela, prepararon las armas de sus hermanos. A las 22:30 de la noche, Emilio y Antonio Izquierdo llegaron desde Monterubio de la Serena a Puerto Hurraco, a 10 kilómetros. Llevaban escopetas de caza y 202 cartuchos preparados.
Antonio y Emilio Izquierdo llegan a la calle Carrera de Puerto Hurraco. La familia Cabanillas celebra una fiesta. En la calle juegan las niñas Encarnita y Antonia, de 12 y 14 años.
Empieza el tiroteo. Los hermanos avanzan por la calle disparando contra todo el que encuentran. No solo contra los Cabanillas — contra cualquiera que esté en la calle.
Los hermanos huyen al monte, hacia la Sierra del Oro. Dejan atrás siete muertos en la calle y una decena de heridos graves. Dos morirán semanas después en el hospital.
Nueve horas después del inicio de la masacre, la Guardia Civil encuentra a los hermanos Izquierdo durmiendo en el monte. Son detenidos sin resistencia.
Las víctimas
Sin arrepentimiento
Emilio Izquierdo, tras su detención, no mostró el más mínimo signo de arrepentimiento: "Ahora que sufra el pueblo como yo he sufrido durante todo este tiempo", mientras su hermano Antonio aseguró que si no les hubieran detenido habrían vuelto al pueblo a disparar durante el entierro de los muertos.
Esa declaración lo dice todo sobre la psicología de los hermanos Izquierdo. No era un crimen cometido en un momento de ira. Era una misión. Planificada con 202 cartuchos, ejecutada con frialdad y sin ningún remordimiento posterior.
684 años de condena y el misterio de las hermanas
En enero de 1994, tres años y medio después de la masacre, comenzó el juicio contra los Izquierdo. El abogado planteó una defensa basada en que los dos hermanos estaban locos, y tuvieron que demostrarlo durante el juicio, dejando constancia muchas veces del odio que sentían hacia Puerto Hurraco y la familia Cabanillas.
Antonio y Emilio Izquierdo fueron condenados en total a 684 años de cárcel y pasaron el resto de sus vidas en prisión. Pero el caso tenía otra dimensión más oscura: las hermanas.
Las hermanas Luciana y Ángela Izquierdo, que prepararon las armas esa noche, siempre fueron señaladas como las instigadoras del crimen. A pesar de ser absueltas, muchos las consideraban las verdaderas responsables morales de la masacre.
El final de los Izquierdo
La España profunda que no olvidamos
Puerto Hurraco es hoy un pueblo casi vacío. No quedan miembros de ninguna de las dos familias. La casa de los Izquierdo en el número 9 de la calle Carrera sigue abandonada. El pueblo intenta ser un destino de turismo rural tranquilo, pero cada agosto el recuerdo vuelve.
Lo que pasó aquella noche no fue un arrebato de locura. Fue el resultado de décadas de odio alimentado, de rencores heredados, de una España rural donde las disputas entre familias se transmitían de padres a hijos como si fueran posesiones.
Los nueve muertos de Puerto Hurraco no murieron por un crimen. Murieron por una historia. Y esa historia llevaba décadas escribiéndose.