La noche del 22 de agosto de 2016, Diana Quer López salió de una fiesta en A Pobra do Caramiñal, un pueblo costero de Galicia. Caminaba sola hacia la casa de su madre. Nunca llegó. Durante 497 días, España entera buscó a Diana. La encontraron en un pozo abandonado a 30 kilómetros de donde desapareció.
La noche que Diana desapareció
Diana Quer tenía 18 años y pasaba el verano en casa de su madre en A Pobra do Caramiñal, un pequeño pueblo costero en la ría de Arousa. Era una chica universitaria, normal, con su vida por delante. La noche del 22 de agosto de 2016 había ido a una fiesta en un pub del pueblo. Sobre la una de la madrugada decidió volver caminando a casa. Eran apenas 15 minutos andando.
Su teléfono móvil dejó de emitir señal a las 02:42 de la madrugada en un punto del camino entre el pueblo y la urbanización donde vivía su madre. Ese dato, registrado por las antenas de telefonía, sería después la clave que los investigadores usarían para reconstruir lo que ocurrió esa noche.
Al día siguiente su madre denunció la desaparición. Diana no contestaba al teléfono, no había llegado a casa, nadie la había visto desde la noche anterior. Comenzó así una búsqueda que duraría casi un año y medio y que se convirtió en uno de los casos más mediáticos de la década en España.
El teléfono de Diana fue localizado días después en la ría de Arousa, a kilómetros de donde desapareció. Alguien lo había tirado al mar. Ese detalle descartó desde el principio la hipótesis de una desaparición voluntaria.
497 días de búsqueda
La investigación de la Guardia Civil fue una de las más exhaustivas de la historia reciente de España. Se rastrearon cientos de kilómetros de terreno, se analizaron miles de horas de cámaras de vigilancia, se tomaron cientos de declaraciones y se investigó a decenas de sospechosos. El padre de Diana, Juan Carlos Quer, se convirtió en una figura pública que mantuvo el caso en la atención mediática durante todo ese tiempo.
La investigación se estancó durante meses. No había testigos directos, no había cuerpo, no había confesión. Las pistas se agotaban una tras otra. España empezó a perder la esperanza de encontrar a Diana con vida. Pero los investigadores siguieron trabajando en silencio, cruzando datos de telefonía, ADN y cámaras de tráfico.
El Chicle: el asesino que casi escapa
José Enrique Abuín Gey, conocido como "El Chicle", tenía 40 años cuando mató a Diana. Era un hombre sin antecedentes penales graves, casado, con hijos, que vivía en la zona y trabajaba en el narcotráfico a pequeña escala. Nadie en su entorno sospechaba de él.
Lo que lo delató fue su propia reincidencia. El 29 de diciembre de 2017, Abuín intentó secuestrar a otra joven, Valeria, en la localidad cercana de Boiro. Valeria logró escapar y denunció. La Guardia Civil detuvo a Abuín y, al cruzar sus datos con la investigación de Diana, todo encajó: su teléfono móvil había estado en la misma zona y a la misma hora que el de Diana la noche de su desaparición.
Bajo presión policial, Abuín acabó confesando. Llevó a los investigadores hasta una nave industrial abandonada en Rianxo donde había un pozo sellado con cemento. Dentro estaba el cuerpo de Diana Quer, 497 días después de su desaparición.
"Cada noche me acuesto pensando que mi hija está sola en algún sitio esperando a que la encuentre."
Juan Carlos Quer, padre de Diana — durante los meses de búsqueda, 2017La condena: prisión permanente revisable
José Enrique Abuín fue juzgado en 2019 por la Audiencia Provincial de A Coruña. El jurado lo declaró culpable de asesinato con alevosía y agresión sexual. La sentencia fue prisión permanente revisable, la pena máxima del sistema penal español, equivalente de facto a cadena perpetua con posibilidad de revisión a partir de los 25 años de cumplimiento.
El caso Diana Quer fue determinante en el debate público sobre la prisión permanente revisable en España. El padre de Diana, Juan Carlos Quer, se convirtió en uno de los principales defensores de esta figura penal y compareció ante el Congreso para pedir que no fuera derogada. El caso demostró que un asesino que no fue detectado a tiempo estuvo a punto de matar de nuevo.
El caso Diana Quer impulsó mejoras en los protocolos de búsqueda de personas desaparecidas en España, especialmente en la coordinación entre cuerpos policiales y en el uso de datos de telefonía móvil para rastrear movimientos. También fue clave para mantener vigente la prisión permanente revisable.
Valeria: la joven que salvó el caso
Si Valeria no hubiera logrado escapar del intento de secuestro de Abuín el 29 de diciembre de 2017, es posible que el caso de Diana Quer nunca se hubiera resuelto. La valentía de Valeria al escapar y denunciar inmediatamente fue lo que permitió a la Guardia Civil conectar a Abuín con la desaparición de Diana.
Este detalle añade una dimensión especialmente perturbadora al caso: Abuín no solo mató a Diana, sino que 16 meses después intentó repetir el mismo patrón. Era un depredador en serie que habría seguido actuando si no hubiera sido detenido por la determinación de una joven que se negó a ser su segunda víctima.
Una noche de agosto
Diana Quer tenía 18 años y toda la vida por delante. Salió de una fiesta un sábado de agosto y nunca llegó a casa. Tardaron 497 días en encontrarla. Su asesino, un hombre que vivía en la zona y que nadie habría sospechado, fue condenado a la pena máxima del sistema español.
Pero Diana no fue solo una víctima. Su caso cambió leyes, mejoró protocolos y demostró que la persistencia de una familia puede mover un país entero. Y Valeria, la joven que escapó de su asesino, impidió que la historia se repitiera.