Han pasado 17 años. Los padres de Marta del Castillo siguen sin saber dónde está el cuerpo de su hija. El hombre que la mató ha dado cuatro versiones distintas sobre dónde lo tiró. Dos de ellas llevaron a los buzos del Guadalquivir a buscar durante semanas. No encontraron nada. Esta es la historia completa de uno de los crímenes más perturbadores de la España reciente.
Quién era Marta
Marta del Castillo Carrasco tenía 17 años y vivía en Sevilla con su familia. Era una chica normal de instituto, con sus amigos, sus redes sociales incipientes — era 2009, el mundo digital empezaba a entrar en las vidas de los adolescentes — y una relación sentimental reciente con Miguel Carcaño, un chico de 19 años con quien había cortado hacía poco.
La noche del 24 de enero de 2009, Marta salió de su casa para quedar con Carcaño. Era sábado. Dijo a su familia que volvería pronto. No volvió. Al día siguiente, sus padres denunciaron la desaparición. Lo que vino después sacudió a España durante meses.
La noche del crimen
Según la reconstrucción judicial, Marta fue al piso de Miguel Carcaño en el barrio sevillano de Bellavista. Allí también estaba el hermano de Carcaño, Samuel Benítez. Lo que ocurrió exactamente en ese piso esa noche nunca ha quedado del todo claro, porque las versiones de los implicados cambiaron repetidamente.
Lo que sí quedó probado en juicio fue que Marta fue agredida sexualmente y asesinada esa noche en el piso. Su cuerpo fue sacado del apartamento y deshecho. Miguel Carcaño dio cuatro versiones distintas sobre qué hizo con él.
"Tiré el cuerpo al Guadalquivir desde el puente del Alamillo."
Miguel Carcaño — Primera versión sobre el paradero del cuerpo2009
Va al piso de su exnovio Miguel Carcaño en Bellavista, Sevilla. Es la última vez que la ven con vida.
2009
Los padres denuncian que Marta no ha vuelto a casa. Comienza la búsqueda.
2009
Miguel Carcaño y su hermano Samuel Benítez son detenidos. Carcaño confiesa haber matado a Marta pero da versiones contradictorias sobre el cuerpo.
— 2012
Buzos y equipos de rescate rastrean el río durante semanas en varias ocasiones. No encuentran nada.
Miguel Carcaño es condenado a 26 años de prisión por asesinato con agresión sexual. Samuel Benítez recibe una pena menor.
17 años después, los padres de Marta siguen sin poder enterrar a su hija. Carcaño cumple condena y no ha dado una versión definitiva creíble.
Cuatro versiones. Ninguna verdad.
Lo que convierte el caso de Marta del Castillo en especialmente perturbador no es solo el crimen en sí, sino la crueldad añadida de las versiones contradictorias de Carcaño sobre el paradero del cuerpo. A lo largo de los años, dio al menos cuatro versiones distintas.
Cada nueva versión de Carcaño generó una nueva operación de búsqueda, nuevas esperanzas para la familia, y una nueva decepción. Los investigadores que estudiaron el caso concluyeron que Carcaño sabía perfectamente dónde estaba el cuerpo y estaba usando esa información como forma de poder y de tortura psicológica hacia la familia.
El juicio y la condena
Miguel Carcaño fue juzgado y condenado en 2013 a 26 años de prisión por asesinato con agresión sexual. Su hermano Samuel Benítez, que estaba en el piso esa noche y ayudó a ocultar lo ocurrido, recibió una condena menor. Otros dos jóvenes que tuvieron conocimiento de los hechos y no los denunciaron también fueron condenados por encubrimiento.
La condena de 26 años fue considerada insuficiente por gran parte de la opinión pública española. La ausencia del cuerpo complicó la acusación: sin restos, no se pudo determinar con precisión el modo exacto de la muerte, lo que limitó la tipificación del delito.
"Mi hija no se merece estar tirada en cualquier sitio. Se merece descansar en paz."
Antonio del Castillo, padre de Marta — 20192026: ¿Dónde está Marta?
Miguel Carcaño lleva más de una década en prisión. Ha cambiado su versión sobre el paradero del cuerpo en múltiples ocasiones. Ninguna ha llevado a encontrar los restos de Marta. Los investigadores creen que podría haber sido incinerado o deshecho de forma que hace prácticamente imposible su localización.
Sus padres, Antonio y Eva, se convirtieron en activistas por los derechos de las víctimas y por reformas en el sistema judicial español. Su lucha pública durante años contribuyó a cambios legislativos en materia de protección de víctimas. Pero lo que más quieren — encontrar a Marta — sigue sin ocurrir.
El caso Marta del Castillo es, en este sentido, uno de los más crueles de la crónica negra española: hay condena, hay culpable, hay juicio. Pero no hay cierre. Y sin cuerpo, el dolor de una familia no puede terminar nunca.
Un crimen que no termina
España ha tenido muchos crímenes que han marcado generaciones. Pero el de Marta del Castillo tiene algo que lo distingue de todos los demás: la crueldad no terminó con la muerte. Continuó durante 17 años, cada vez que Carcaño daba una nueva versión falsa, cada vez que los buzos bajaban al río y volvían con las manos vacías, cada vez que sus padres salían a pedir justicia sabiendo que la justicia más básica — saber dónde está tu hija — les seguía siendo negada.
El asesino está en la cárcel. Pero Marta del Castillo sigue desaparecida. Y eso, en 2026, sigue siendo una herida abierta en la conciencia de España.